martes, 28 de marzo de 2017

Corazonadas.

Ansiaba su conversación. No una conversación en concreto, ni mucho menos una única conversación, sólo... su conversación. En parte porque tenía muchas, ¡muchísimas! cosas que contarle. En parte, también... porque deseaba escucharle. Su conversación como preludio y como fin en sí mismo. Porque sabía de corazón abierto que aquella charla anhelada traería consigo fortuitos detalles como asir su mano, inhalar su aroma, sentir la calidez particular de su cuerpo, cercano. Pero también su conversación como lugar en el que deleitarse sin pretender conquistar un objetivo secundario más importante. 
Ansiaba su conversación, aunque podría suceder que el encuentro les dejase sin palabras. Pero bien sabía que entonces hablarían sus silencios y que la complicidad hecha un fuerte abrazo solventaría el mutismo momentáneo, e incluso el hermetismo persistente de ambos para con sus respectivos entornos. 
Sencillamente, ansiaba su conversación para, por fin, quitarle el cerrojo a su propio pecho y que todo aquel florecer prematuro fuese contado con ímpetu irrefrenable y algún, inevitable, sonrojo. Para mostrarle que no tenía porqué dedicarse a morder espinas día tras día; para ofrecerle algo verdadero y cálido, una conciliación para sus propias noches en vela y para la discordia emocional de él consigo mismo.
Tiene su dificultad guardar una corazonada en el pecho discretamente, bien lo sabía ella. Pero aguardaría todo el tiempo que fuese necesario, pues no se trataba de un encaprichamiento fugaz ni de una fijación frívola. Era una certeza temprana, una intuición deliberada repetidas veces consigo misma, una fortuna haber encontrado cualidades que creía perdidas y obsoletas en una persona conocida  de improvisto. 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Esta vez el personaje soy yo.


Cansada, pero vengo a escribir porque me lo debo, porque en el fondo lo deseo, porque en todas mis facetas me hace falta. Reflexión y concentración, como elementos necesarios, como pilares fundamentales junto a esas dos grandes palabras: acción y perseverancia. Me he cansado de la inacción, de la inactividad, del letargo, del estado latente, de ser potencialmente. Ahora quiero ser. Ser de verdad. Ser sin esperas, sin pegas, con ganas y todo lo que vendrá detrás. Todas esas complicaciones, complejidades, consternaciones, conciliaciones. Con todo. Y con todos los que vengan. Ellos, los desconocidos con los que tan bien congenio, aunque todavía no lo sepa. Y con todas las que vengan, las facetas en las que descubrir un nuevo ingenio o las ideas en las que desenterrar algún olvido y brillar durante un ratito, cual lucecilla inagotable, como este candil que es mi pecho, a veces.

Y narrar, narrar la vida, narrar todo lo que pasará, lo que pasó y lo que nunca va a suceder, salvo en mi imaginación. Y crecer de nuevo esa creencia en mí, sin más potencialidades que la de ser continua, constante y activamente todo lo que desee, todo lo que me dicte mi propia visión


Y ver, tras un largo día y unos ojos cansados, que me aproximo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Los transparentes.

Hay personalidades que destacan por hacerse notar sólo cuando faltan. Nadie las toma en consideración cuando están ahí. Ninguno diría que se encuentran presentes aún encontrándose en un lugar destacado. Simplemente desaparecen en el entorno, son camaleónicas, disimuladas, poco sobresalientes, transparentes. Casi innecesarias. Pero cómo denotan cuando se ausentan. ¡No hay quien no se quede frunciéndole el ceño a su ausencia durante al menos un momento! Qué ruidosa, su falta. Qué desatino. Se marchan y desequilibran la balanza de lo plausible, nada queda ya susceptible a tener algún sentido, por mínimo que sea. Añoras su transparencia, su existencia en el límite entre lo real y lo imaginado, su vida de esbozo

(Fragmento de una historieta que escribí sobre un dibujante de esbozos.)




sábado, 10 de septiembre de 2016

Empatizar con recuerdos

Las personas pasan por nuestra vida. La mayoría de las veces pasan de largo. Ocasionalmente el paso es lo suficientemente lento como para darte tiempo a investigar un poquito acerca de ellas. Y dejan un poso, más o menos intenso, en nuestra memoria.
El poso debería marchitarse con el tiempo. Secarse o evaporarse; deshacerse lentamente. Debería.

Con frecuencia me preocupo en la sombra por personas que ya pasaron. Amistades que sucumbieron al fracaso, familiares que decidieron permanecer lejos. La sensación no es curiosidad ni añoranza. Es preocupación. Un instinto peculiar que me inclina a ayudar. Pero ya no queda persona, sino poso. ¿Y cómo se ayuda a un recuerdo? No tengo la menor idea.
Es una intranquilidad, un anhelo de ser amigable cuando ya no se puede. Un silencioso "todavía puedes contar conmigo" muy reacio a declararse como tal de manera explícita. Algo diferente a la frustración de una relación que quisieras conservar, reconquistar o hacer volver. No se trata del deseo de recuperar un vínculo. Sucede como una inclinación muy concreta y sentida al bienestar ajeno.
 
Quizá sea un rasgo que me viene dado de forma implícita. Puede que me sea del todo inútil. Tal vez alguien sienta algo semejante por el poso que yo dejé en mi paso por su vida, alguna vez.

martes, 12 de julio de 2016

Tiempo para escribir.

Tiempo para escribir, me dicen, me digo. Y me sigo diciendo, mientras  pasa el tiempo. Pero sigo sin escribir. Porque cuando vuelvo siento placer y dolor, descanso y tormento. Cuando escribo siento mi pecho siendo un gran agujero e inevitablemente me vierto. Inclinada sobre el papel, siento un inmenso deseo de caer: escribir es vértigo. Y el agujero va vaciándose de porquería, y se llena de paz poquito a poco. Escribir me entrega paz, pero se lleva todo lo demás. La realidad se esfuma. Lo urgente deja de serlo, las personas pierden peso y salen volando, desconozco mi propio cuerpo y me desentiendo de sus necesidades, me aíslo en algún sitio al que no he encontrado puerta de acceso más que la escritura. 
Escribiendo dejo de pertenecerme; escribiendo habito una paz peculiar, a veces frenética y desesperada, otras jovial y amistosa, algunas dañina y torpe. Pero en todas sus formas, una y otra vez me llama y por mucho silencio con el que pretenda responderle, siempre me saca las palabras, los colores, las lágrimas... y vuelvo.

Vuelvo a entregarlo todo. 
Vuelvo a escribir. 


lunes, 9 de mayo de 2016

Ssshhh.

Suave, casi imperceptible, poco sobresaliente, muy disimulado. Desaparecido, camuflado, tenue, flojo, débil... traqueteo. De quien obra cada día y maniobra en engranajes de los que no tiene mucha idea. Y disfruta del crujido del silencio en tardes tediosas, entre clases bostezables y lecturas maravillosas. Maldita mania de echarle de menos cuando falta y no detenerse a escucharlo cuando aparece. 

Porque surge, sin permiso, improvisado, colándose por cualquier hueco y llenándolo todo, de sentido.        
Silencio.

Un fragmento de una antigua versión de mí.

jueves, 5 de mayo de 2016

Estar vivo es un jaleo.

Nos consumismos. Todos, todo el tiempo, a cada segundo, nos consumimos. Es inevitable y, hasta cierto punto, divertido: ver la vida suceder como un espectáculo de fuegos artificiales, sabiendo lo que vendrá después: barrer los restos de los aconteceres festivos, sacudirse la pólvora y con suerte no resultar herido. 

Y mientras nos consumimos, aprendemos y compartimos. Es cierto, a veces sufrimos. Algunas veces nos abandonan y otras simplemente queremos irnos. La vida es un gran acertijo con tantas resoluciones válidas como ánimas se dispongan a resolverla y la única realidad, al final, es la que tú quieras creer... o crear.

Porque tenemos esa capacidad, por suerte y desgracia: podemos manipular, deformar, transformar un mogollón de variables dentro de nuestra chiquita existencia. Podemos decidir sin asumir las consecuencias, o ser consecuentes con no decidir en absoluto... Todo esto de estar vivo es un jaleo, una juerga, una jauja, una broma macabra y al final, un cúmulo de simplezas dispuestas en una geometría jodidamente compleja. 

Un ser humano anudado a una tambaleante liana, en una frondosa jungla: la surrealista existencia.